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Review «Capone», La miseria de la demencia en una miseria de película

Reparto: Tom Hardy, Linda Cardellini, Matt Dilon, Al Sapienza, Kathrine Narducci

Director: Josh Trank

Género: Drama, Biográfico

Clasificación: +14

Duración: 1h 43m

Sinopsis: Tras pasar 10 años en prisión, el gánster Al Capone, de 47 años, comienza a sufrir de demencia y su mente comienza a ser acosada por los recuerdos de su violento pasado. (Filmaffinity)

Alphonse Capone, más conocido como Al Capone o “Scarface”. Mafioso italoamericano, hizo su fortuna en la época de la prohibición en Estados Unidos, cometiendo una gran variedad de crímenes, entre estos la Masacre de San Valentín. Fue condenado a apenas once años en la cárcel por evasión de impuestos, y sirvió solo siete años de esa condena, principalmente en Alcatraz, y pasó sus últimos días en libertad, sufriendo los graves síntomas de su avanzada sífilis, lo que le llevó a morir a la edad de 48 años. Existen muchas historias en la vida de Al Capone que pueden ser llevadas al cine pero, por alguna razón, Trank decidió enfocarse en el último año de vida del gángster que sirvió de inspiración para Tony Montana, con un resultado bastante cuestionable.

La carrera de Josh Trank ha ido del éxito al fracaso. Tras la buena recepción de su ópera prima, “Chronicle”, llegó el fracaso de la última adaptación de “Los Cuatro Fantásticos” y, aunque se celebra su valentía, se ve a la distancia que “Capone” resultó ser un tropiezo insalvable en su carrera y, en primera instancia, se puede decir que el proyecto le quedó grande, aunque tampoco se le puede entregar toda la responsabilidad a Trank, debido a que el elenco no ayuda en una película que comienza de forma prometedora, se va a pique desde su segunda escena y solamente repunta, brevemente por unos minutos, en su clímax.

En un comienzo “Capone” llevaba el título de “Fonzo”, demostrando que la intención es centrarse en otro aspecto del protagonista, pero en su idea de separarse lo más posible del mafioso Al Capone y enfocarse en el hombre detrás de la violencia y el crimen, se alejó totalmente de la esencia y se quedó sin ninguna historia. Quizás a lo que Trank apunta es a decir que incluso los monstruos son humanos, que el crimen no paga (o algún otro lugar común repetido), mostrando los miserables últimos años de Al Capone, sumido en una demencia por la sífilis, lleno de paranoia, alucinaciones, incontinencia y la incapacidad de valerse por sí mismo, atormentado por los literales fantasmas de su pasado, pero jamás dejando claro si el hombre siente remordimiento alguno o si siente, de hecho, alguna emoción en su estado casi vegetativo. El problema está en que es imposible conectar con un protagonista que no muestra nada por lo que pueda generar empatía y, por consiguiente, convirtiendo la película en un producto plano y sin emociones. Y empeora: en el trayecto a la demencia, Capone comienza a sufrir alucinaciones que no sirven de motor, motivación o gatillante en ningún aspecto del personaje, el que también se ve involucrado en una subtrama que tampoco llega a ningún lado con un presunto hijo distanciado que aparenta atormentarlo con sus llamadas, pero que no aporta en nada a la historia y, al igual que en el único momento en que Alphonse actúa como “Scarface”, es una situación que no corresponde con la realidad.

En algún momento Trank debió enfrentarse con la dura verdad de su película: la idea de los últimos años de Al Capone es, simplemente, aburrida, por lo que debió apelar a la ficción para darle más argumentos a su película y poder crear tensión que lleve a un desenlace apropiado. Pero si era tan necesario apelar a agregarle acción desde el imaginario, ¿no habría sido mejor aprovechar a un actor como Tom Hardy y darle la oportunidad de dar rienda suelta su talento, como en “Bronson” en 2008? En vez de eso, tenemos a un Hardy lleno de prótesis para modificar su cara de manera poco creíble y entregando una actuación desastrosa que, sinceramente, incluso llamar actuación es ser bondadoso.

Quizás Tom Hardy hizo lo mejor con el material que le entregaron, pero no por eso se salva de ser un rotundo fracaso en su caracterización del infame Al Capone. Es difícil darle vida a un personaje del que existen muy pocos registros, incluso no hay ninguna grabación de su voz, teniendo que, además, competir con el imaginario construido por Al Pacino en “Scarface” de Brian De Palma y, para peor, no poder acercarse a este personaje, debido a la película está enfocada en un moribundo Capone, no el poderoso y violento mafioso. Es un comienzo complicado y, probablemente, la dirección no ayudó, pero la caracterización sobreactuada, llena de gruñidos y gritos y con una voz basada en Bugs Bunny (sí, el conejo Bugs Bunny) le da un tono caricaturesco que, simplemente, no sirve de ninguna forma y le quita seriedad a una historia que, se supone, debe ser desgarradora.

El único aspecto que hace, en parte, aguantable las casi dos horas de tortura de “Capone” es un impecable trabajo de arte que, como es esperado, comete pecados mortales en la cinematografía pero que, al no haber mucho más rescatable, se dejan pasar y se agradece que al menos existan algunos puntos consistentes y que demuestra que hay gente en el equipo que tiene alguna idea de lo que está haciendo, pero cuando el análisis se reduce a que un encuadre puede interpretarse de una forma, o que la simbología del color es precisa, está claro que algo se hizo mal.

Conclusión: Un desastre de comienzo a fin y, aunque se rescata y agradece la intención de Josh Trank de querer hacer una película “de mafia” distinta, termina traicionando su idea en el único momento en que “Capone” no es una tortura, con una escena derivativa del género y sacada de la imaginación del director (y no del relato real), que le entrega unos diez minutos de vida a la actuación desastrosa de Tom Hardy en una película decepcionante de la que, en síntesis, se podría decir que al menos lograron ubicar las cámaras donde corresponde.

2/10

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