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Review “Gilliamismos: Memorias prepóstumas»: un entrañable y colorido collage de vivencias

Autor: Terry Gilliam

Título original: Gilliamesque: A Pre-posthumous Memoir

Año de lanzamiento: 2015

Páginas: 297

Editoriales que lo distribuyen en Chile:  Malpaso Ediciones, Editorial Océano

Sinopsis: «Desde su sencilla infancia en los fríos páramos de Minnesota, hasta sus contiendas en el núcleo de Hollywood, pasando por el bullicio mas o menos vanguardista de Nueva York, Londres o Los Ángeles de los 60s y 70s, Terry Gilliam describe la apasionante historia de su vida, usando su particular estilo, vivacidad y humor.» (Editorial Harper Design)

La obra de Terry Gilliam ha estado marcada por la frenética imaginación del autor como recurso principal, junto a su caótica e inteligente puesta en escena. Ya sea dibujando, actuando, escribiendo, diseñando sus sets o dirigiendo, Gilliam siempre nos ha transportado al mundo mágico y colorido dentro de su cabeza. Esa mente inquieta y altamente creativa queda plasmada en «Gilliamismos: Memorias prepóstumas», su autobiografía, escrita junto a su hija en un intento de crear «uno de esos libros elegantes y costosos que la gente pone en sus mesas de centro», aunque, en las propias palabras del artista, el producto final resultó en vez en algo que podría llamarse «el gran asalto autobiográfico, una especie de persecución automovilística de mi vida hecha a todo trapo con un montón de derrapes y accidentes en el que muchos de los mejores momentos pasan zumbando y quedan algo borrosos».

El británico (de origen estadounidense) ha tenido una vida poco convencional y apasionante, como cualquiera de sus películas, y en este libro se encarga de narrarla con su característica agudeza, humor ácido y franqueza, acompañando el relato con muestras de su talento creativo: una serie de notas escritas en cualquier tipo de papel, servilleta o máquina de escribir, alternadas con recortes, retratos, ilustraciones fantásticas, fotografías inéditas, bocetos, recuerdos y comentarios inesperados que se funden en una furiosa conjunción de estímulos, dando forma a esta colorida aventura que, a pesar de lo que dice el autor, también queda muy bien en la mesa de centro.

Luego de advertir al lector, con su gracia particular, acerca de lo caótico de su narrativa, Gilliam comienza a exponer cómo funciona su cerebro e imaginación, revelando la habilidad que tiene de soñar despierto, entre otras cosas, para dar paso a la historia de su entorno familiar y como se desarrollaba su infancia en los primeros años. Todo esto se explica en un relato lleno de impresionantes tangentes y reflexiones que escribe para sí mismo, dando mucho uso a los paréntesis y las notas adicionales que, al parecer, agregó posteriormente al costado, en la cabecera o al pie de las páginas. También podemos conocer varios aspectos de su niñez: sus experiencias en las diferentes ciudades en las que vivió, las primeras películas infantiles que vio, su entusiasmo por disfrazarse, su paso por los scouts o sus vivencias escolares como cheerleader, caricaturista y presidente de curso, entre otras aventuras.

Uno de los puntos más significativos de esta etapa es cuando habla acerca del dibujo, un hobby en el que tardó en darse cuenta del talento innato que poseía, hasta que este se transformó en su pasión. La facilidad que tenía con el lápiz, su fascinación por las imágenes y los personajes extraños, y también la influencia que tuvo en él la revista MAD, son su principal incentivo para dedicarse a la ilustración, decisión que finalmente le abre el camino hacia el cine.

Otros momentos destacables están en sus relatos acerca de los primeros trabajos que tuvo como dibujante, junto a sus experiencias viajando solo por Inglaterra, Paris o Nueva York, donde vive varias aventuras, con altos y bajos, y al mismo tiempo se encuentra por casualidad con algunas celebridades icónicas; aunque es en la ya mencionada ciudad estadounidense donde conoce las películas extranjeras, acontecimiento que deja una marca en su vida. Gilliam también nos cuenta sobre su breve paso fallido por la escuela de cine de Nueva York y su primera incursión en el stop-motion, trabajando como voluntario en un estudio de animación, únicamente porque para él era «muy importante entender la manifestación física del cine».

Su segundo viaje a Londres produjo un cambio profundo en la vida del autor, y es por esto que, en la exploración de esa etapa, nos enteramos del encanto que siente por el bullicio y la cultura de la ciudad, sus primeros trabajos para la televisión británica y su conexión con cada uno de los integrantes de la icónica tropa de humor, Monthy Python, en un momento pilar en su carrera. De hecho, en el libro hay cuatro capítulos extensos dedicados a su participación en aquel grupo, donde es posible interiorizarnos en algunos pormenores fantásticos acerca de su origen, el desarrollo de la identidad, el contenido del material y los procesos creativos, explorando además el trabajo en cada serie y película donde participaban, con los éxitos, fracasos, halagos y censura que se hicieron presentes; para cualquier fanático de esta agrupación, estos episodios se convierten en unos de los momentos más gratificantes de esta historia.

Por supuesto, en esta alocada autobiografía también se hacen presentes todas las obras cinematográficas dirigidas por Gilliam, quien tiene anécdotas de sobra para contar cada vez que se refiere a alguna de sus creaciones, sin dejar de exponer las dificultades que conlleva hacer cine, especialmente en Hollywood, donde las ideas novedosas y la libertad creativa se ven constantemente amenazadas por la industria. Frente a ese panorama, resulta admirable y conmovedora la fortaleza, integridad y convicción del director, quien a pesar de todo, defiende su postura de una forma inspiradora. Uno de los ejemplos que más sobresale es el relato sobre la eterna lucha por realizar «El Hombre Que Mató a Don Quijote», película ideada originalmente en 1998 que sufrió una cantidad inmensa de problemas de producción, convirtiéndose, al igual que el cuento de Cervantes, en una verdadera quimera romántica para Gilliam. A la fecha de la edición de este libro (2015), el proceso de creación del sueño cinematográfico del autor fue transformado en un documental llamado «Perdidos En La Mancha», aunque luego de 8 intentos de rodaje fallidos, a lo largo de 19 años, la cinta fue estrenada finalmente en mayo de 2018.

Otro acontecimiento admirable se plantea en el capítulo acerca de «Brazil», donde nos enteramos, sin escatimar en detalles, de la intensa disputa del director por defender a toda costa el final de esta emblemática cinta, luego de que el jefe de Universal Studios decidiera embargarla para que no pudiese exhibirse en Estados Unidos, ante la negativa de Gilliam por cambiar su visión del desenlace. También resulta memorable el dramático episodio de la casi cancelación total de «El Imaginario del Doctor Parnassus», provocada por el repentino fallecimiento de Heath Ledger en medio del rodaje; aunque el apoyo de su familia y amistades le permitieron salir de la desesperación y terminar la cinta, con la colaboración de actores que eran tanto amigos suyos como del difunto actor.

A pesar de las dificultades, también existen recompensas, y en el caso del catálogo del director podemos encontrar gratificantes historias, como los comentarios de agradecimiento que recibió por la cinta «El Rey Pescador», o aquella vez en que Robert De Niro se le acercó para pedirle participar en «Brazil», porque admiraba mucho su trabajo en Monty Python. También comparte diversas observaciones acerca de los protagonistas de «12 monos» o de su extraña pero fantástica experiencia en la reunión de los Python, en 2014.

En cuanto a «Pánico y Locura en Las Vegas», el autor nos da a conocer algunos pormenores de la reconocida cinta, desde detalles curiosos acerca del famoso Cadillac rojo que conduce Raoul Duke, la improvisación en la escena del cocodrilo, los estilos de actuación casi opuestos de los dos protagonistas y los procesos creativos de cada uno de ellos para el desarrollo de los personajes. Pero eso no es todo, el libro está colmado de vivencias interesantes que mantienen comprometido al lector mediante el uso de una narrativa y estructura poco convencional, que entrega naturalidad a su relato.

Dentro de esta autobiografía no encontramos lecciones de cine, una detallada exposición sobre los aspectos técnicos de sus obras o tiernos momentos familiares, los cuales Gilliam dice guardarse para sí mismo, sino que nos encantamos con la «película» que es la vida del autor, en esta oportunidad contada a través de ideas «parloteadas sin parar», vertidas en una grabadora antes de llevarlas al papel, que nos transmiten un ánimo honesto y trepidante. Por esta historia pasan muchos «actores secundarios» como los Monty Python, naturalmente, sus colabores más célebres como Jeff Bridges, Brad Pitt, Johnny Depp, Benicio Del Toro, Robin Williams, Bruce Willis y Robert DeNiro, e incluso, sus casuales interacciones con algunas figuras influyentes de la cultura moderna, como George Harrison, Richard Nixon, Woody Allen, Frank Zappa, o el ya mencionado Hunter S. Thompson.

«Gilliamismos: Memorias prepóstumas» es un libro cercano y estéticamente estimulante que nos sitúa en una misma sala con Terry Gilliam, como si fuésemos un amigo a quien le cuenta sus historias y anécdotas durante una animada conversación. Este viaje, por un camino lleno de curvas, decepciones y alegrías, es relatado en un ritmo frenético, donde muchas veces podemos llegar a visualizar mentalmente las palabras en el estilo cinematográfico del director, como si sus ideas aparecieran dentro de nuestro cerebro en un «plano holandés», o a través de un lente gran angular imaginario. La entretenida obra de Gilliam resulta ser accesible, fascinante e inspiradora, en pocas palabras: un verdadero deleite.

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