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Review “Cowboys de Filadelfia”: Domando los conflictos de vida a través del cariño

Reparto: Idris Elba, Caleb McLaughlin, Jharrel Jerome, Lorraine Toussaint, Method Man, Ivannah-Mercedes, Jamil Prattis, Michael Tabon, Byron Bowers, Liz Priestley

Dirección: Ricky Staub

Género:  Drama

Clasificación: +16

Duración: 1h 51m

Sinopsis: “Enviado a vivir durante el verano con su distanciado padre, un adolescente rebelde encuentra afinidad familiar en una unida comunidad de cowboys afroamericanos del norte de Filadelfia”. (IMDB)

Basada en la novela «Getto Cowboy», de Greg Neri, y adaptada para la pantalla por el director Ricky Staub, en conjunto con el guionista Dan Walser, “Cowboys de Filadelfia” es una producción colmada de lecciones de vida y mensajes sociales, estrenada a comienzos de abril en la plataforma Netflix.

La cinta sigue a Cole (Caleb McLaughlin), un adolescente de 15 años de actitud conflictiva y con tendencia a involucrarse en violentas peleas con sus compañeros de clase, lo que le ha ocasionado reiterados problemas a su madre, Amahle (Liz Priestley), a través de los años. Cansada de tener que enfrentar otra vez la expulsión de su hijo de un colegio, decide llevarlo a vivir con Harp, su padre (Idris Elba), a quien el chico no ha visto por lo menos en 10 años.

El panorama con el que se encuentra Cole no es alentador, ya que debe quedarse en una casa que se aleja de toda idea de hogar: su cama es un pequeño sofá, el lugar parece abandonado a su suerte, nunca hay comida y debe compartir el poco espacio disponible con un caballo que vive en la sala de estar. Desalentado, considerando a su padre como un extraño, y sin ninguna motivación para seguir las reglas que este le plantea, lo único que le interesa es escapar de ahí para volver con su «única» familia o sobrevivir por su cuenta, si es necesario.

Al poco tiempo es posible percibir que parte de las causas que provocan su actitud conflictiva son el haber crecido en un entorno socioeconómico desfavorable, sin una imagen paterna, con una madre dedicada a trabajar para hacerse cargo de él, que lo envía lejos con una persona a quien considera un desconocido. Existe un claro trauma de sentirse rechazado y de ser un fracaso; Cole es un chico que en el fondo busca afecto y un lugar donde pertenecer, sin embargo, está convencido de que estar ahí con su progenitor no le llevará a encontrar aquello que anhela, ni a lograr nada significativo para su futuro.

A medida que la trama avanza, podemos ver el crecimiento que experimenta el protagonista, mientras va creando nuevos y mejores lazos con su entorno, al mismo tiempo que se enfrenta a los conflictos que provocan su actitud, para superarse y ser un aporte para otros. Tanto su evolución como personaje y los momentos e interacciones que comparte con Harp son uno de los puntos mas altos de la película.

Otro componente fundamental de “Cowboys de Filadelfia ” es la dinámica que existe entre el personaje principal y Smush (Jharrel Jerome), su antiguo amigo de la infancia, con quien comparte el rango etario, experiencias familiares y ciertas ambiciones; es un aliado que de inmediato le ofrece apoyo, compañerismo y protección. La amistad entre los dos resulta conmovedora, ya que juntos pueden expresar libremente los temas que los aquejan, al mismo tiempo que comparten momentos fraternales, similares a una relación entre un hermano mayor que cuida de su pariente más pequeño. Smush considera a Cole en todos sus ideales de vida, y muestra real preocupación y necesidad de hacerse responsable por el bienestar y el futuro de su amigo.

La dificultad que surge entre ellos es que, a pesar de que este chico tiene buenas intenciones, está tomando todas las decisiones erróneas e involucrándose con la gente equivocada, lo que genera una amenaza para sus propios sueños y también pone en riesgo a su compañero recién llegado. Por estos motivos, el padre del protagonista no aprueba que su hijo se junte con ese niño, lo que aumenta los problemas que ya existen en su relación.

Ambos adolescentes personifican diferentes caras del conflicto de sentirse atrapado o asfixiado en el lugar de origen y de la necesidad de salir de ahí a toda costa como única posibilidad de surgir; son la representación de la falta de oportunidades de su entorno y ejemplifican las pocas alternativas que ven factibles para ser más, como también las consecuencias de ello.

Además de la relación entre Cole con sus padres y su amigo, la segunda arista principal de la cinta es interiorizar al espectador en la subcultura de vaqueros afroamericanos urbanos que ha existido de verdad, y por más de 100 años, en la ciudad de Filadelfia. Al igual que en el libro de Neri, la historia se centra en la comunidad que rodea al Club de Equitación de la Calle Fletcher, y cómo la vida en contacto con aquel colectivo influye en el desarrollo del personaje central.

De igual manera, el largometraje nos acerca a la realidad social y cultural de lo que significa vivir rodeado de violencia y marginalidad, mostrando las limitadas opciones que existen para un joven en esas circunstancias de pobreza; un tópico que nos hace reflexionar sobre una situación que se extiende por todo Estados Unidos, y también en otros países. Debido a estos temas, la película nos explica la importancia de la iniciativa de mantener aquellos establos y esa cultura ecuestre vigente, ya que en el caso de Filadelfia, esto actúa como un refugio, una especie de santuario social (hasta educativo) que puede mantener fuera de la delincuencia a quienes viven en este entorno hostil y de escasas oportunidades.

Su comentario involucra incluso el blanqueamiento que ha hecho Hollywood de la historia del oeste y del concepto del cowboy, al excluir a la gente de color de todas las fábulas, filmes y libros asociados a esa cultura. También nos cuenta que antiguamente los afroamericanos eran los principales expertos en amansar caballos, gracias a la comprensión que tenían del concepto de opresión y de la reverencia que se merece una criatura majestuosa que nació para correr libre y no para ser sumisa. Ese conocimiento permite que su técnica no use la violencia, y que en vez de «quebrar» el espíritu del equino, se base en el amor para eliminar la distancia entre esa especie y el humano, y así ganar la confianza y el respeto del animal. Es por esto que resulta interesante y significativo el paralelo que hace la narrativa entre el trato hacia los caballos, versus la situación de los dos jóvenes principales, como si ellos también estuvieran en un estado salvaje que necesita cariño para ser «domado».

La cinematografía de Minka Farthing-Kohl junto a la dirección de Staub logran cautivar al espectador en esta producción, que es el primer largometraje de ambos, estableciendo momentos verdaderamente íntimos y secuencias creativas a través del uso de recursos como slow motion, snorricam, planos medios y amplios, time-lapse o cámara en mano; que se unen a un estilo de composición poco convencional que figura a ratos, dándole una textura más estilizada y artística a algunas escenas. A esto se suman los tonos cálidos que acentúan los lazos de familia y amistad que van ocurriendo, como también el manejo de luz y sombra, dándole especial énfasis al sol, además de generar contrastes de colores fríos en las tomas nocturnas. Todos estos elementos ayudan a contextualizar visualmente las experiencias de cada personaje.

Si bien el trabajo estético de los realizadores se siente sutil, es capaz de expresar con las imágenes distintas emociones, como la sensación de aislamiento, el sentido de pertenencia, crecimiento, conflicto familiar y amor fraterno, entre otros, lo que ayuda a entender a los participantes de la historia más allá de lo que dicen mediante los diálogos.

Hay varios ejemplos en esta producción acerca de darle preferencia a las imágenes por sobre las palabras, y aunque el libreto muchas veces es insuficiente para expresar lo que ocurre con los participantes de la cinta, la historia logra transmitir sus mensajes de todas maneras gracias a los recursos visuales ya mencionados, pero sobre todo, porque se sostiene en sus actuaciones. El elenco de «Cowboys de Filadelfia» se compone de estrellas como Idris Elba, que se muestra sólido como siempre, dejando sobresalir su talento sin ningún esfuerzo a través de la pantalla, a pesar de no tener mucho tiempo en escena. A él se suman nuevas promesas como Jharrel Jerome y Caleb McLaughlin, quienes asombran con sus excelentes interpretaciones y un trabajo que es capaz de sostenerse con fuerza por si mismo, sin que influya o se asome la acotada experiencia con la que ambos cuentan en el medio. También podemos ver a Method Man haciendo una muy buena labor como un oficial de policía que debe tomar decisiones entre sus amigos y su deber. Por último, encontramos a Lorraine Toussaint como la maternal Nessie, una de las mujeres pilares de la comunidad, que transmite autoridad, sabiduría y cariño.

Si bien todas las actuaciones son destacables, las mayores sorpresas surgen del desempeño de tres de los personajes secundarios que completan el grupo de jinetes, Esha (Ivannah-Mercedes), Paris (Jamil Prattis) y Jalen (Michael Tabon), quienes son interpretados por miembros reales del Club Ecuestre de Filadelfia y que, a pesar de no ser actores profesionales, entregan varios de los momentos más conmovedores de la cinta. Es importante mencionar que casi la totalidad de los participantes de la comunidad de vaqueros urbanos que vemos en la película, está compuesta por los verdaderos integrantes de los establos de la Calle Fletcher.

Aunque el argumento central es un poco predecible, eso no le quita calidad. Quizás el principal punto débil de esta producción es la cierta inconstancia de su ritmo, ya que a veces se extiende más de lo necesario, y en otras ocasiones se apresura de manera abrupta. También, a pesar de las buenas intenciones del film y lo interesante que resultan sus premisas y tramas principales, la ejecución deja con la sensación de que faltó más profundidad en el desarrollo de algunas de las historias. Los personajes y sus interacciones conmueven y generan curiosidad, pero probablemente debido a la forma en que se desenvuelven los diálogos o la acotada duración del largometraje, el espectador queda con ganas de saber más. De todas maneras esto es positivo, porque solo nos dice que las ideas son lo suficientemente cautivantes para que queramos ahondar en ellas.

“Cowboys de Filadelfia” nos lleva por un viaje a través del crecimiento de la propia calidad como ser humano dentro de un entorno no favorable, desde el punto de vista de un adolescente enfrentado a las consecuencias de la inequidad social. Es un drama familiar entrañable, lleno de enseñanzas de vida, que se sostiene en sus excelentes actuaciones y en su agradable estética. Además posee un elemento documental, ya que genera atención hacia la noble iniciativa que son los clubes ecuestres urbanos y la amenaza que significa la industria inmobiliaria para su continuidad. La película entrega una historia que nos hace reflexionar acerca de la realidad que se vive en ciudades donde la violencia y la delincuencia son parte del día a día, al mismo tiempo que muestra cómo el amor y el sentido de pertenencia que puede ofrecer una comunidad es capaz de hacer la diferencia, tanto en la vida de los jóvenes como de aquellas personas que se ven rodeadas por esa marginalidad.

7.5/10

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