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Review «How to Sell Drugs Online (Fast)»: Una sagaz comedia sobre la generación Z

Reparto: Maximilian Mundt, Danilo Kamber, Damian Hardung, Anna Lena Klenke, Roland Riebeling, Jolina Amely Trinks, Markoesa Hamer, Ruben Brinkman, Lena Urzedowsky, Luna Schaller, Leonie Wesselow

Creadores: Philipp Käßbohrer, Matthias Murmann

Género: Comedia Negra, Crimen, Drama Adolescente, Thriller Tecnológico

Clasificación: +16

Episodios: 18 (3 temporadas)

Plataforma: Netflix

Sinopsis: «Para ganar de vuelta al amor de su vida, un estudiante de secundaria lanza desde su dormitorio el negocio online de drogas más grande de Europa con la ayuda de su mejor amigo». (IMDB)

Uno de los planos detalle en “How to Sell Drugs Online (Fast)”. Foto: Netflix

Ya que el 27 de julio Netflix estrenó la tercera temporada de “How to Sell Drugs Online (Fast)», es una buena oportunidad para hablar de esta popular producción alemana. Creada como parte del contenido original de la plataforma, la serie presenta una propuesta refrescante al adaptar a la televisión, de una manera colorida y dinámica, parte del caso real de un adolescente acusado de trafico de drogas por internet, combinando la comedia y el thriller tecnológico con los géneros de crimen y coming of age.

Moritz Zimmermann (Maximilian Mundt) es un introvertido chico de 17 años que, junto a Lenny Sander (Danilo Kamber), su amigo de la infancia, participa en un concurso de su colegio para jóvenes emprendedores, que entrega fondos a nuevas ideas de negocio. Max y Lenny proponen una tienda online para gamers, donde los usuarios pueden comprar items de videojuegos de manera anónima usando bitcoins como forma de pago dentro del mismo sitio web, diseñado genialmente por Lenny, a prueba de cualquier tipo de colapso o rastreo. Un proyecto que parece estupendo, pero que no es entendido por los jueces.

Moritz Zimmermann (Maximilian Mundt) y Lenny Sander (Danilo Kamber) sueñan con emprender juntos. Foto: Netflix

En este contexto aparece Lisa (Lena Klenke), quien ha sido la novia de Moritz desde que ambos eran niños, una chica que gusta de socializar y consumir éxtasis de vez en cuando. Luego de regresar de un viaje a Estados Unidos, Lisa decide terminar su relación con Mortiz para encontrarse a sí misma y expandir su circulo de amigos, entre los que se encuentra Daniel Riffert (Damian Hardung), el joven más popular de la clase, quien es admirado por todos gracias a su aspecto de modelo y personalidad agradable, junto a su afición al capoeira y por siempre tener drogas para compartir en las fiestas. Consumido por los celos y el rechazo, Moritz idea un plan para impresionar a Lisa, pero sin los resultados esperados. En ese momento decide utilizar el diseño de su amigo Lenny como base para crear una tienda online de drogas y así, según él, pasar de ser un nerd a un exitoso CEO.

Uno de los aspectos fundamentales de la serie es su puesta en escena inteligente y dinámica. Su historia es contada de manera lúdica y autoconsciente, incorporando todos los recursos disponibles para mantener el interés del espectador. Dentro de esta dinámica, podemos ver, por ejemplo, las interfaces de los dispositivos digitales en la pantalla como parte del relato, una inquieta edición y humor negro presente en los diálogos, incluso encontramos bromas acerca de Netflix, elementos del falso documental y un quiebre en la 4ta pared para conectar al público con las vivencias de los protagonistas. Elementos como narraciones de voz por parte de Moritz u otros personajes también colaboran para hacer participar a la audiencia en sus aventuras, al mismo tiempo que sirven para dar información útil acerca de las drogas y sus peligros.

El lenguaje digital se despliega en las escenas como parte de la narrativa. Foto: Netflix

El trabajo conjunto de los diferentes directores, cinematógrafos y editores que se hace presente a lo largo de las tres temporadas nos entrega secuencias fantásticas de escenarios imaginativos, coloridos momentos llenos de movimiento y un ritmo visual hiperquinético, donde recursos como el collage, time lapse, cámara lenta, el glitch de las grabaciones digitales o el uso de fotos estáticas convergen con las tomas aéreas, los close ups filmados con lente de gran angular y los planos amplios o planos detalle para contar la historia de cada episodio. El uso de ciertos colores específicos también sirve para enfatizar el ánimo de los ambientes, aplicando vibrantes amarillos y rojos en la escuela o tonos cálidos en las escenas hogareñas, más un exceso de morado y fríos matices de neón que surgen cada vez que hay una fiesta, pero que también se usan para representar el ‘viaje’ inducido por las drogas.

A pesar del los estímulos estéticos que aparecen frecuentemente en la pantalla, el relato logra reflejar de manera acertada las vivencias y cultura de la generación z, integrando con toda normalidad el mundo de los videojuegos, las interacciones de internet y de las redes sociales, donde no es raro que tu hermana de 12 años pueda ser una exitosa influencer o que todas las compras se realicen en línea. Esto permite que la historia se mantenga creíble y que el ‘estruendo visual’ exista solo con la intención de darle un toque ‘juguetón’ a la obra, para recordarnos que no hay que tomarse las cosas con tanta seriedad, ya que, si bien la premisa se basa en un hecho real, estamos viendo una serie dramatizada para la televisión, con todo el artificio que eso implica.

Las secuencias coloridas e imaginativas ocurren con frecuencia dentro de esta serie. Foto: Netflix

Con muy buenas actuaciones e individuos bien construidos, la producción nos entrega personajes con los que todos podemos conectar, tanto en el grupo de protagonistas como en el elenco de más edad. La serie nos sitúa en los ojos de los adolescentes y vemos como el mundo de los adultos a veces puede ser incómodo, triste o ridículo, y en otros momentos llega a parecer absolutamente aterrador desde el punto de vista juvenil. Valores como la amistad, lealtad, el compañerismo y el trabajo en equipo son pilares de las relaciones en pantalla. Además, detrás del humor y los momentos que nos mantienen al borde del asiento, se nos muestran los efectos que puede tener el aislamiento, las rivalidades o las malas decisiones producidas por la falta de conexión entre los niños con sus padres o profesores, e incluso con sus propios pares. Así mismo, notamos la influencia de las presiones sociales en la vida de los jóvenes.

Durante la tercera temporada de «How to Sell Drugs Online (Fast)», el argumento central se va volviendo más complejo, creando mayor tensión entre sus aristas y desarrollando aún más a sus personajes, e incorporando a otros nuevos. El frenético estilo visual y los elementos de comedia siguen presentes, pero esta vez dentro de un relato más oscuro donde el suspenso y los peligros parecen ser más reales que nunca.

Daniel (Damian Hardung), Moritz y Lenny se enfrentan a diversas aventuras a lo largo de la historia. Foto: Netflix.

Según los explicado por los creadores, Phillipp Käßbohrer y Matthias Murmann, en una entrevista para la revista Variety, la inspiración para esta serie es el caso real de Maximilian Schmidt, un adolescente alemán de la ciudad de Leipzig que creó en 2013 el sitio web «Shiny Flakes», una tienda virtual donde era posible comprar cualquier tipo de drogas usando bitcoin como moneda. Schmidt enviaba sus pedidos a diferentes países del mundo, mientras desarrollaba y administraba todo desde su propia habitación en la casa de sus padres. Aquel sitio era, prácticamente, imposible de rastrear, lo que mantuvo a la policía en constante frustración por más de un año, hasta que Max fue arrestado en febrero de 2015.

Obviamente, existen muchísimas diferencias entre las vivencias de Maximilian y lo que ocurre en «How to Sell Drugs Online (Fast)», ya que la producción de Netflix es una adaptación absolutamente libre basada en aquellos hechos. Aquí, el protagonista tiene otra personalidad, aspecto y motivos, además, las aventuras que vive son más complejas, divertidas e involucran a múltiples personajes (por lo mismo es tan entretenida); sin embargo, el elemento de ‘falso documental’ presente en su narrativa hace referencia a la experiencia del propio Max Schmidt, ya que hacia el final de su breve condena tenía permitido participar, durante el día, en la grabación de «Shiny Flakes: El Cibernarco Adolescente», un documental acerca de su historia que, justamente, estaba siendo desarrollado por Netflix y que ya se encuentra disponible en la plataforma.

La aristas de la trama van entrelazándose al rededor del sitio web de Moritz. Foto: Netflix.

“How to Sell Drugs Online (Fast)” es una serie dinámica y fresca, construida de manera ingeniosa. Los 18 capítulos que la componen tienen una duración de entre 24 a 36 minutos, por lo que se pueden disfrutar de una sola vez. Con una narrativa inquieta y colorida, que resulta visualmente estimulante, sus creadores utilizan los recursos estéticos para complementar una historia moderna, rápida y autoconsciente que entrega humor, momentos cargados de tensión y espacio para el desarrollo de sus personajes. La producción alemana adapta libremente un hecho real de manera lúdica, al mismo tiempo que nos sitúa acertadamente en el punto de vista y vivencias de los jóvenes de la generación Z.

8.5/10

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