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[#SANFIC17] Review «Invisibles»: La gran tragedia de la vejez

Reparto: Enma Suárez, Adriana Ozores, Nathalie Poza, Blanca Portillo, Fernando Cayo, Pedro Casablanc, Paqui Horcajo

Dirección: Gracia Querejeta

País: España

Género: Comedia

Clasificación: n/a

Duración: 1h 24m

Sinopsis: «Invisibles trata de acercarse a la vida de Julia, Elsa y Amelia, tres amigas que un día decidieron comenzar a caminar juntas una vez por semana. Lo que empezó por ser una mera distracción y una forma de hacer ejercicio se ha terminado por convertir en una necesidad. En esos paseos comparten lo que sucede en sus vidas, expresan sus emociones libremente, se desquitan, se sinceran, se quitan sus caretas… O no…» (SANFIC) Participante de la categoría Visiones del Mundo.

[De izquierda a derecha] Amelia (Nathalie Poza), Elsa (Emma Suárez) y Julia (Adriana Ozores) son tres amigas que comparten paseos semanales. Foto: Sanfic

Tres mujeres. Tres actos. Un escenario. Ellas hablan, discuten, se escuchan (a veces no tanto). Nosotros observamos cómo la cámara las sigue. Ellas siguen relatando sus vivencias, sus tragedias, sus dramas, su rutina. Se despiden, y las volvemos a ver la semana siguiente en este parque mientras caminan. Suena repetitivo, quizás una idea que funcione bien como un cortometraje, pero no es así. «Invisibles» te tiene al borde del proverbial asiento, sin necesidad de generar tensión artificial; es todo natural y orgánico, gran mérito de su directora y elenco, quienes interpretan de manera impecable el guión.

El uso de un solo espacio, un parque donde se reúnen a caminar, genera una sensación de desesperación que profundiza sus diálogos que son, de formas distintas, cada uno un llamado de auxilio. Desde la apatía con la vida de Julia, la obsesión de Elsa con su imagen o el conformismo de Amelia, todas están atrapadas en sus propios limbos que desencadenan de su rutina y de sus miedos en común, como el abandono, la soledad, la marginación o el mayor de todos: la vejez. Porque sí, «Invisibles» es, finalmente, una comedia en el sentido teatral, donde cada personaje juega un papel lleno de matices que convierte la conversación más banal en un mar de emociones que nos hace ver que el tiempo pasa, a pesar de sus protagonistas, quienes se van quedando atrás con la vida, y se van convirtiendo en seres, precisamente, invisibles.

[De izquierda a derecha] Adriana Ozores, Nathalie Poza, Gracia Querejeta (directora) y Emma Suárez, cuatro ganadoras del premio Goya. Foto: El Espectador Imaginario

Para sostener esta comedia, en el sentido mas aristotélico, las actuaciones de Emma Suárez, Adriana Ozores y Nathalie Poza, tres ganadoras del prestigioso premio Goya, se lucen y brillan dentro de sus tragedias. El guión, basado en las vivencias personales de Querejeta y las experiencias que deben lidiar las mujeres al acercarse a los 50 años, fluye de forma teatral, con conversaciones que son monólogos, con cada una de las mujeres teniendo un gran conflicto contra sus propios fantasmas, que jamás vemos, y descargando sus frustración entre ellas. Al mismo tiempo, la película es una revisión de la amistad y sus límites. ¿Es un espacio seguro para contarse todo, sin prejuicios, o un momento de desconexión de la realidad? Los personajes, en el breve tiempo que dura la historia, crecen, aunque no en demasía, pero se hacen conscientes de su posición en el mundo y van superando sus defectos, mientras se acostumbran a la rutina y sus fallidas expectativas.

En una hora veinte, la directora española Gracia Querejeta se toma la libertad de plasmar un discurso feminista, frustrado, sobre las exigencias de la vida, las expectativas, la rutina y los problemas que enfrentan las mujeres al superar los 50 años, pero sin mostrar nada. «Invisibles» se mueve entre conversaciones, donde no pasa nada, pero el verlas en el mismo espacio, atrapadas, genera mayor tensión de lo que podría expresarse en la acción. Una película muy teatral, con un guion y actuaciones sublimes que acentúan la comedia, en el sentido más original de la palabra, haciendo de esta obra una de esas que quedan en la retina y llenan de emoción, sin necesidad de exagerar nada. Todo perfecto, en su lugar, como la vida misma.

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