Reviews Series

Review «Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes»: Deconstruyendo el género de vampiros

Reparto:  Kathrine Thorborg Johansen, Elias Holmen Sørensen, André Sørum, Kim Fairchild, Klenke, Sara Khorami, Terje Strømdahl, Øystein Røger

Creadores: Harald Zwart, Petter Holmsen

Género: Thriller Sobrenatural, Drama, Comedia Negra

Clasificación: +16

Episodios: 6

Plataforma: Netflix

Sinopsis: «Live Hallangen es declarada muerta. Horas después, en la morgue, despierta de repente con una oscura e insaciable sed de sangre. Mientras tanto, su hermano Odd intenta mantener a flote la funeraria de la familia». (IMDB)

En «Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes», el mito de los vampiros es desarrollado de manera original. Foto: Netflix

La nueva propuesta de la rama escandinava de Netflix, “Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes», presenta un fresco acercamiento al mito de los vampiros, entregando una historia que une géneros con un estilo diferente a lo que normalmente vemos en las series y películas acerca de esos seres sobrenaturales. La producción noruega juega con elementos del thriller policial, el neo noir y lo monstruoso, agregando un toque de ironía y sarcasmo a su relato mediante una buena dosis de comedia negra.

Skarnes es un pequeño pueblo rural de Noruega donde nada ocurre, la vida es tranquila, todos se conocen, prácticamente no hay crímenes y nadie muere. Es por esto que el repentino hallazgo del cadáver de Live Hallangen (Kathrine Thorborg Johansen) en medio de un campo abierto remece la normalidad del lugar y la rutina de la policía local. Es más, los oficiales que encuentran el cuerpo de la joven ni siquiera pueden llamar a una ambulancia para que traslade a la fallecida, ya que el presupuesto con el que cuenta el departamento no alcanza para esos procedimientos. Es así que, para realizar aquella tarea, contactan directamente a la única funeraria del pueblo, una pequeña empresa que lucha con las deudas debido a la baja mortalidad de Skarnes, y que, coincidentemente, pertenece a la familia de la víctima.

Los policías locales, Judith (Kim Fairchild) y Reinert (André Sørum), no acostumbran encontrar gente fallecida en Skarnes. Foto: Netflix

Debido a las inusuales circunstancias en las que apareció el cuerpo de Live, Judith (Kim Fairchild), la oficial de policía con mayor experiencia de la estación, decide encargar una autopsia para aclarar las causas de la muerte de la víctima, pese a que ese servicio significa un alto impacto en el presupuesto policial. Horas después, en la morgue, todos los indicios apuntan hacia una muerte natural, hasta que, repentinamente, Live despierta alterada en la mesa de operaciones y sin memoria de lo sucedido. Este evento es tratado con una casi irrisoria normalidad que divierte bastante; aunque tampoco sorprende tanto, ya que se nos ha dejado en claro que Skarnes es el lugar menos pensado para que ocurra algo sobrenatural.

Posteriormente, Live es brevemente internada en el hospital, donde el Doctor Sverre (Øystein Røger), único especialista del pueblo, le indica que todos sus exámenes se encuentran en orden y es dada de alta. Sin embargo, al llegar a casa, Arvid (Terje Strømdahl), el padre de la joven, parece distante y muy afectado, tanto así que no es capaz de acercase a su hija pese a la feliz noticia de que sigue viva.

Además del extraño comportamiento de su progenitor, la chica comienza a notar cambios en su cuerpo, como que sus sentidos se han agudizado hasta hacerle insostenible soportar algunos estímulos externos, junto a una fuerza extraordinaria, rechazo a los alimentos y una perturbadora sed de sangre. Pronto, la serie nos hace parte de las dificultades que debe enfrentar su protagonista ante todas estas nuevas experiencias, y nos lleva a acompañarla en su búsqueda para entender qué sucedió realmente. Es así como, poco a poco, nos vamos adentrando en un misterio que esconde aristas mucho más complejas de lo que sus personajes sospechan.

Live Hallangen (Kathrine Thorborg Johansen) debe enfrentarse al misterio entorno a su nueva naturaleza. Foto: Netflix

Los guionistas de «Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes» no desean seguir ningún tipo de cliché. Es por esto que la historia resulta entretenida y novedosa; cada capitulo resulta impredecible, ya que sus creadores juegan con las expectativas del espectador al no dejar en claro las reales intenciones del hilo conductor. Existe un misterio que resolver, pero a veces se nos hace creer que las respuestas son irrelevantes. De la misma manera, vemos como los escritores se burlan un poco del modelo del policía hollywoodense y de la supuesta tranquilidad de Noruega, explotando elementos de los dramas o misterios de pueblo pequeño desde un punto de vista irónico.

Estos aspectos también están presentes en la forma de tratar el vampirismo, ya que, si bien existe un sólido arco de desarrollo del personaje central en ese ámbito, la serie nos muestra lo monstruoso desde un ángulo mucho más sutil y cotidiano. La experiencia de Live con su sed de sangre se acerca más a lo que vive un adicto a las drogas, y sus cambios físicos se exponen desde el impacto psicológico y emocional que provocan en ella por sobre lo fisiológico. Aunque sí vemos un mínimo efecto en sus ojos, junto a una suficiente dosis de gore, no existen colmillos, capas, personalidades exuberantes, castillos ni otros estereotipos asociados normalmente a esos seres en la cultura popular, sino que, en vez de todas aquellas convenciones, nos encontramos con una persona que está muy confundida y atemorizada con lo que le ocurre, que siente remordimientos y que además debe enfrentarse a problemas completamente domésticos, mientras trata de entender el origen de su ‘oscuridad’.

El elemento monstruoso del vampirismo se mezcla con lo cotidiano de la vida en Skarnes. Foto: Netflix

El humor negro presente en la serie no es exagerado, sino que su gracia radica en la precisa dosificación y sutileza con la que se usa, pero, si bien este elemento es constante, la trama de a poco se va volviendo cada vez más oscura, dando cabida para que los aspectos terroríficos y sobrenaturales adopten mayor peso. De igual forma, entremedio de aquellos momentos brutales, crueles e inquietantes, la historia nos va presentando otras aristas, desarrollando aún más su narrativa alrededor de los demás personajes. Esto agrega capas interesantes al argumento central y permite adentrarnos en las experiencias personales de todos quienes rodean a Live. Esas ideas adicionales están bien ejecutadas y, hacia el final de la temporada, entregan las suficientes respuestas para que como espectadores quedemos conformes, pero dejando el espacio preciso para un mayor desarrollo en una posible segunda parte.

Si bien todos los personajes de la serie están bien construidos, es innegable la empatía y cariño que genera Judith, la simpática y aguda policía de la comisaría local, como también el bonachón e inseguro Odd (Elias Holmen Sørensen), hermano de la protagonista, quien contagia con su positivismo y ética mientras que, pese a las dificultades que enfrenta constantemente, intenta dar lo mejor de sí para mantener a flote el precario negocio de la funeraria familiar.

Para Odd (Elias Holmen Sørensen), el profesionalismo es lo primero en la funeraria Hallangen. Foto: Netflix

Estéticamente, «Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes» pareciera ser austera, pero, a medida que las escenas y episodios van avanzando, podemos ver un sofisticado trabajo de fotografía, que esconde sus elementos artísticos, a propósito, detrás de una aparente sobriedad. Esto queda en evidencia, por ejemplo, en los momentos que involucran el conflicto interno de Live con su lado bestial, donde el uso de diferentes posiciones de cámara muestran secuencias frenéticas, superposición de imágenes, juegos de luces, close-ups y otros recursos que transportan tanto a lo sobrenatural como a la mente de la protagonista.

También podemos ver planos amplios en exteriores y composición simétrica dentro de los escenarios bajo techo, que a veces se acompañan de lentísimos acercamientos, dándole un tono ominoso a los ambientes cotidianos. Adicionalmente, se aprecian planos detalle, texturas borrosas, ángulos en contrapicado y momentos en que la cámara se sitúa en el cielo de las habitaciones, detrás de las puertas o junto al reflejo de ventanas, como si estuviera espiando a los personajes.

El trabajo de fotografía mantiene un tono inquietante incluso en los ambientes domésticos. Foto: Netflix.

El color es otro elemento que se emplea de una manera específica para evocar diferentes emociones y ánimos que se relacionan directamente con los eventos que ocurren. Por lo general, el reflejo anaranjado del sol, que cae dentro de la casa de los Hallangen, tiene el mismo tono que la luz artificial emanada por las bombillas eléctricas que aparecen de noche; esto genera una relación entre el vínculo de la familia con el conflicto de Live, que va aumentando de intensidad, transformándose en un tono similar al color del fuego cada vez que ella o su familia pasan por un momento emocionalmente difícil.

En contraste, los exteriores se presentan constantemente envueltos en un gris opaco, donde hasta el verde de la naturaleza parece sin vida, mientras que otros escenarios como el hospital, la morgue o la estación de policía siempre se inundan de una intensa luz blanca, con acentos de azul y amarillo que denotan un tono frío y tenso.

Live intenta entender a su padre, Arvid (Terje Strømdahl), mientras los colores contribuyen a crear la misteriosa atmósfera que rodea la trama. Foto: Netflix

«Post Mortem: Nadie Muere en Skarnes» llega a Netflix con una idea que promete. La serie noruega juega con las convenciones de los géneros de los que toma prestado para desarrollar su historia de una manera novedosa, inteligente y sutil. A medida que sus capítulos van avanzando, es posible descubrir una ironía autoconsciente que, en cierta medida, parodia los estereotipos que normalmente se asocian al mito de los vampiros, al thriller policial o las producciones de misterio que se desarrollan en pueblos aislados. Esta ironía incluso se extiende hacia su aspecto estético, donde sus elementos artísticos se esconden detrás de una aparente sobriedad. Con buenas actuaciones, un preciso balance narrativo entre sus aristas y una alta dosis de humor negro, la propuesta deja en claro que no es lo que aparenta ser, al mismo tiempo que presenta un relato sólido con potencial para una siguiente temporada.

8/10

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s