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Review «Amor Sin Barreras»: Spielberg reimagina un clásico con aciertos y fallos

Reparto: Rachel Zegler, Ansel Elgort, Ariana DeBose, David Alvarez, Rita Moreno, Corey Stoll, Brian d’Arcy James, Mike Faist, Kevin Csolak, Jess LeProtto, Patrick Higgins, Josh Andrés Rivera, Iris Menas, Maddie Ziegler, Paloma Garcia-Lee, Ana Isabelle, Jamila Velazquez

Dirección: Steven Spielberg

Género: Musical, Drama, Romance

Clasificación: +14

Duración: 2h 36m

Sinopsis: “En una nueva adaptación del musical de Broadway de 1957, «Amor Sin Barreras», explora el amor prohibido y la rivalidad entre los Jets y los Sharks, dos bandas callejeras de adolescentes de diferentes orígenes étnicos”. (IMDB)

La rivalidad entre los Jets y Sharks se verá desafiada por el amor de María y Tony. Foto: 20th Century Studios

A 60 años de la exitosa adaptación cinematográfica de «Amor Sin Barreras», llevada a la pantalla por Robert Wise y Jerome Robbins, Steven Spielberg nos presenta su propia versión, trayendo a la actualidad una historia que, aunque sucede en la década de los 50’s, contiene mensajes que aún se mantienen relevantes en el siglo XXI. Con toda la espectacularidad propia del genero musical, el director toma el desafío de encantar a las audiencias actuales con su propuesta, basándose no tanto en la cinta de 1961, si no que en la popular obra original de Broadway, que, en sí, es una adaptación libre y modernizada de Romeo y Julieta. El resultado es una producción que goza de varios momentos acertados y sólidos, pero que también contiene fallos, haciéndole difícil alcanzar el mismo impacto dramático del material original.

El relato se centra en la hostil rivalidad entre dos pandillas del West Side de Nueva York: los Jets, conformados por chicos blancos de ascendencia polaca, pero nacidos en suelo estadounidense, dirigidos por Riff (Faist); y el grupo de jóvenes inmigrantes puertorriqueños llamados Sharks, liderados por Bernardo (David Alvarez). La lucha territorial y discriminación racial que los ha mantenido enfrentados se torna aún más problemática cuando María (Rachel Zegler), hermana menor de Bernardo, y Tony (Ansel Elgort), el mejor amigo de Riff, se enamoran perdidamente a primera vista.

Los constantes enfrentamientos entre Jets y Sharks provocan un ambiente de violencia en el barrio y muchos problemas a la policía local. Foto: 20th Century Studios

Sin duda, lo mejor de esta versión de «Amor Sin Barreras» es la exuberancia de su puesta en escena. Spielberg muestra, una vez más, lo que mejor sabe hacer como director, enfocándose en lograr que su película se convierta en una ‘experiencia’ de entretenimiento cinematográfico. Aquí, todos los elementos técnicos están alineados en función de complacer visualmente a la audiencia y divertirla, pero sin descuidar la sensibilidad artística y amor por el medio, que quedan demostradas en casi todas las escenas. El cuidado detalle puesto en la ambientación de la cinta se puede apreciar en el excelente diseño de producción y vestuario, la decoración de los sets, en los arreglos musicales realizados para modernizar las clásicas composiciones originales de Leonard Bernstein, y, además, en las espectaculares coreografías creadas por Justin Peck, especialmente para esta ocasión.

Un aspecto clave para el éxito de esta propuesta es el trabajo de fotografía realizado por Janusz Kaminski, colaborador frecuente de Spielberg, quien permite que nos mantengamos inmersos en el periodo histórico de la cinta y crea un aura de romanticismo hacia la ciudad de Nueva York. Esto es ejecutado en balance con el ambiente desolado que intenta mostrar el director, para denotar una ‘rudeza’ moderna en su propuesta. El uso de algunos planos específicos logra acercarnos a los protagonistas y, en gran medida, ayuda a representar sus emociones, apoyando al elenco en su desempeño. Sin embargo, existen reducidos momentos en que la decisión de emplear ciertos colores, tipos de iluminación o formas de composición genera un toque de artificialidad, cuando no es necesario, y que no se aplica en segmentos clave que lo requieren; aunque estas técnicas sí logran elevar o mejorar otras escenas. Lo más probable es que estas decisiones tengan relación con la manera en que Spielberg ve las historias de cine musical y, aunque son válidas, no siempre consiguen aquel ambiente ‘mágico’ característico del género, que es, quizás, lo que el director busca expresar, sino que terminan reduciendo un poco el drama de la desafortunada realidad que enfrentan los personajes de la película. De todas maneras, el trabajo de fotografía logra conmover, a un nivel estético, de manera espectacular, siendo una de las fortalezas de la cinta.

Otro aspecto positivo es el tratamiento de algunos personajes secundarios, que, en otras versiones, solo conocemos de manera superficial. En este caso, varios integrantes de ambas pandillas tienen un espacio un poco más definido, lo que permite empatizar mejor con sus vivencias. De igual manera, personajes que siempre han sido poderosos en la trama como Anita, Riff o Bernardo son representados con gran carisma, una presencia escénica que comanda atención y excelentes habilidades dramáticas por parte de sus intérpretes modernos, sin nada que envidiar a sus predecesores. Aun así, dentro de este trío sobresale con notoriedad el trabajo de Ariana DeBose como Anita, novia de Bernardo. La actriz envuelve de humanidad, actitud y fortaleza a la chica, haciendo creíble su relación con el líder de los Sharks y su rol en la historia, funcionando también como una especie de hermana mayor y figura materna para María.

Anita (Ariana DeBose) y Bernardo (David Alvarez), en uno de los números musicales del filme . Foto: 20th Century Studios

Más allá de la rivalidad entre las pandillas, el núcleo más importante de la historia de «Amor Sin Barreras» siempre ha sido el romance entre Tony y María, ya que su relación es el punto de partida para los cambios profundos que afectan a todos los personajes. Tal como sucede con Romeo y Julieta, la unión de estos jóvenes remece a su entorno y deja una importante enseñanza. Es por esto que resulta un poco frustrante la manera en que esta pareja es representada en la adaptación de Spielberg. Aquí, ni María ni Tony logran convencernos de quienes son realmente, de manera individual, y tampoco resultan creíbles como una pareja enamorada con el nivel de sentimientos que los hace desafiar todo. Su relación se siente forzada, la química entre los actores es casi inexistente y, más allá de las extraordinarias habilidades como cantantes y bailarines que ambos poseen, sus dotes dramáticas son insuficientes. Al menos Rachel Zegler hace un esfuerzo, considerando que este es su debut cinematográfico, y logra brillar, genuinamente, por momentos, demostrando su potencial; pero Ansel Elgort entrega una interpretación demasiado plana, sin emoción y fallando estruendosamente en todos los momentos de mayor importancia dramática.

En este contexto, tampoco ayudan las ideas nuevas creadas por el guionista Tony Kushner, quien, buscando modernizar un poco las cosas, nos plantea ahora a un Tony ex-convicto y a una María llena de una actitud rebelde, que, inexplicablemente, solo muestra estando con su hermano. Estos elementos no resultan creíbles, ni tampoco son consecuentes con las actuaciones del par protagónico. Además, terminan por interferir en el desarrollo de los personajes, quitando peso a las enseñanzas del material original, ya que, en el caso de María, se le roba aquella aura de ingenuidad e inocencia que la caracteriza y que resulta ser clave para entender el significado e impacto que tienen los hechos finales de la historia en su forma de ser y en cómo ve el mundo. En el caso de Tony, la arista de estar en libertad condicional por un evento conectado al relato, provoca que lo vivido en el clímax de la trama ya no tenga el mismo sentido para él ni resulte tan traumático.

María (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort) protagonizan «Amor Sin Barreras», donde la fotografía es uno de los puntos fuertes de la cinta. Foto: 20th Century Studios

Existen varias modificaciones de la narrativa, en comparación al trabajo original, y, aunque Spielberg ha declarado que esta adaptación no toma en cuenta la película de 1961, estos cambios creados por Tony Kushner también se alejan de la obra de Broadway. Algunos funcionan, pero gran parte de ellos no resultan necesarios. Es claro que la idea era modernizar un poco los argumentos, ya que las audiencias cambian en más de 60 años. En muchos casos, estos argumentos sirven para que la película se sienta fresca y políticamente correcta. Dentro de lo que no funciona muy bien, está la idea de que la gentrificación es el centro del problema del barrio y, aunque esto ocurrió, realmente, en ese sector de Nueva York, no pasa en la obra, por lo tanto, aquel concepto le quita significado al conflicto social y racial entre las pandillas.

Hay que tomar en cuenta que, en un musical, las canciones siempre son extensiones del diálogo, están ahí para enfatizar momentos clave de la narrativa, y, aunque es respetable, el hecho de que en esta versión se modifique el orden de algunas canciones no termina de convencer. Especialmente, cuando en muchos casos se da la impresión de que los temas no se trataron como parte de la historia, sino que como espectáculos que había que calzar en algún escenario adecuado para que se ‘vieran bien’, sin importar el contenido dramático. Una de las peores decisiones, en este sentido, fue haberle entregado a otro personaje una de las canciones emblemáticas de la pareja central. Otro punto desfavorable es que, ya sea por las actuaciones, o por la manera de desarrollar la escena, la secuencia final también carece del impacto que debió tener y la enseñanza se pierde en lo estético.

Eso sí, es un agrado cuando los cambios funcionan, como, por ejemplo, en el desarrollo del número musical «Gee, Officer Krupke», que siempre ha sido un momento conflictivo en la historia, y que, en esta ocasión, es infinitamente superior a cualquier otra versión; realmente se disfruta, saca risas genuinas e impresiona con sus interpretaciones. El mensaje anti-odio de la cinta sigue vigente, aunque se diluye un poco entre todo el artificio y la innecesaria fragmentación de la trama creada por Kushner, pero logra sobresalir. Spielberg expresó su intención de hacer una producción bilingüe donde no hubiesen subtítulos para las partes en español en los países de habla inglesa, algo digno de alabanza. De igual manera, resulta fantástico ver en un musical hollywoodense a un elenco realmente latino, hablando español correctamente y entregando las mejores actuaciones de la película. También, se agradece la manera en que los creadores integraron a Rita Moreno en esta adaptación, quien provoca nada más que gozo cada vez que aparece. La actriz, que ganó un Oscar por su interpretación como Anita en la película de 1961, vuelve a formar parte de «Amor Sin Barreras», ahora con un personaje nuevo, pero conectado con la obra original. Su incorporación sirve como doble homenaje, tanto para ella, como hacia la adaptación clásica. Moreno es espléndida en cada segundo que figura en la pantalla, conmueve y da clases de cómo se hacen las cosas, sin importar cuán mediocre sea su compañero de escena, demostrando por qué es una actriz icónica y tan querida por todos.

Rita Moreno vuelve a ser parte de «Amor Sin Barreras» con un nuevo personaje. Foto: 20th Century Studios

«Amor Sin Barreras» comprueba que Steven Spielberg siempre es capaz de crear experiencias espectaculares de entretenimiento cinematográfico. Esta producción se distingue por un extraordinario despliegue de recursos audiovisuales para llevar a cabo sus objetivos, lo que, a veces, da prioridad a la forma por sobre el contenido. Aún así, siempre destacan las excelentes coreografías y el desempeño vocal por parte de los intérpretes, acompañándose de las clásicas canciones de Leonard Bernstein. En su relato, se modifican varios elementos de la idea original y se nos muestra una pareja principal que no logra convencer del todo; sin embargo, resalta un elenco secundario de primer nivel. Más allá de sus fallas, esta adaptación es un espectáculo exuberante para disfrutar en familia, que puede agradar a cualquier seguidor del género musical.

8/10

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