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Review «Nahuel y el Libro Mágico»: La Magia del Cine

Reparto: Consuelo Pizarro, Muriel Benavides, Marcelo Liapiz, Jorge Lillo, Sandro Larenas, Sebastián Dupont Gallardo, Vanesa Silva, Sergio Schmied

Dirección: Germán Acuña

Género: Animación, Aventuras, Fantasía

Clasificación: TE

Duración: 1h 38m

Sinopsis: “La isla de Chiloé, rica en historia, paisaje y mitología, es el escenario de las aventuras de Nahuel, un niño que a pesar de ayudar diariamente a su padre pescador, tiene fobia al mar. El hallazgo de un libro en una vieja casona será el inicio de un doble viaje que recorrerá los misterios de la isla y sus propios miedos”. (Filmaffinity)

Nahuel y Fresia deben enfrentar a varias criaturas mágicas. Foto: Carburadores

Chile y la animación tienen una larga relación, ya sea produciendo notables obras o como industria, donde empresas del mundo entero encargan animaciones en el país debido a la gran calidad de los animadores y animadoras nacionales. El último estreno animado es un proyecto en conjunto de la mano de la nacional Carburadores, en co-producción con la ganadora del Óscar PunkRobot y la Brasileña LevanteFilms. «Nahuel y el Libro Mágico», que fue seleccionada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, Francia, nos lleva a la mágica Isla de Chiloé en la Opera Prima del director Germán Acuña, que, tras dos años, verá su estreno en cines nacionales e internacionales.

‘Entran Ghibli, Cartoon Network y Disney antiguo a un bar…’. Parece un chiste, pero podría, perfectamente, usarse para resumir lo que genera la historia de Nahuel; la colorida pero fría paleta de colores que expresa el frío paraje de la isla de Chiloé y el diseño de personajes recuerdan a series como «Steven Universe», mientras que el flujo de la película tiene ese je ne se quoi del Disney antiguo, donde las cosas pasaban y no nos interesaba cuestionarnos el porqué, porque estamos tan inmiscuidos en la película que solo queremos ver que avance. Todo esto, rodeado del encanto y la belleza que irradia Ghibli, desde su hermosa música, su cuidado y respeto por la mitología que retrata, la mística de sus personajes y la presencia de personajes jóvenes, fuertes y valientes. Algo en «Nahuel y el Libro Mágico» te impregna de emociones y sentimientos que habíamos encontrado antes, y que al mismo tiempo no habíamos visto nunca en una producción nacional. Un acierto, de comienzo a fin, que sortea sus tropiezos y se sostiene, firme, hermosa y sólida.

Una Voladora, figura de la mitología chilota. Foto: Carburadores

En las películas infantiles a veces la historia puede pasar a segundo plano para centrarse en personajes amigables, héroes en los que las niñas y niños que están frente a la pantalla se identifiquen y admiren. Nahuel es un niño con muchos miedos, pero también ganas de superarlos, con una vida muy distinta a lo que se vive en la capital, hijo de un pescador en Chiloé, mientras que Fresia, su tímida compañera aprendiz de machi representa a todas las niñas de Chile que han enfrentado la discriminación por ser mapuches. Dos personajes fuertes, interesantes, con valentía, emociones, motivaciones, que le darán la posibilidad a tantas niñas y niños de poder verse reflejados en una película que los eleva a protagonistas, independientes, pero que no por eso han sido abandonados y no puedan contar con adultos, los que también existen y son presentes, con sus fallos y virtudes. Y si de personajes se habla, es admirable el trabajo de información detrás de la producción, al presentar a algunas figuras emblemáticas de la mitología chilota y chilena en general de manera informada, sin prejuicios coloniales, como son las figuras del Trauco o del Chonchón. Quizás el punto más débil es su antagonista, quien carece de motivaciones y es un villano ‘a la antigua’, pero en el fondo no es algo que le juegue en contra, porque hace más fácil tomar parte de las figuras protagónicas y también el seguir la historia para su público ideal: niñas y niños.

Los bellos y detallados fondos abundan en la película. Foto: Carburadores

En la animación siempre está el desafío de poder combinar una historia interesante con una forma atractiva de visualizarla. Si bien hay que aceptar que la calidad de animación en muchos aspectos está muy distante en Chile de lo que producen las industrias multimillonarias en Estados Unidos o Europa, «Nahuel y el Libro Mágico» usa todas sus herramientas en enfocarse en crear algo bonito, en una animación tradicional, simple y llamativa en colores, movimientos y destacando, especialmente, los paisajes, los cuales son vívidos y representativos del contexto, en vez de ser solo fondos inertes. A su vez, la combinación con una banda sonora exquisita, que no solo acompaña, sino que toma protagonismo, se roba la pantalla y dice presente, marcando ritmo y creando el ambiente perfecto que nos hace parte de la historia de principio a fin sin abandonar la inmersión y no dando espacios a cuestionar nada.

No todo lo que brilla es oro, y la película tiene tropiezos en donde, generalmente, el cine Chileno tiende a tropezar: su guión. El flujo de las cosas que ocurren, con poca correlación a veces, apura el paso en momentos y lo realentiza en otros. Además, existen diálogos poco naturales que hacen que el doblaje a veces se sienta forzado en sus tiempos, frases y tonos, en ese intento de ser chileno y, al mismo tiempo, exportable; pero quizás su encanto recae un tanto en este aspecto: lo local. Es una producción muy nuestra, con sus puntos buenos y malos, que intenta y logra alejar cuestionamientos gracias a todo lo hermoso e increíble que entrega, prefiriendo, quizás, no dar en todos los clavos, pero si en los necesarios para cimentar y sostener una obra llena de mística.

Machis, hechiceras mapuche. Foto: Carburadores

Tenemos un país tan rico en mitos y leyendas, en encanto y misterios, que siempre es lamentable lo poco que busca explotar el cine estos aspectos de Chile. «Nahuel y el Libro Mágico» viene a darle vida a la magia de la isla de Chiloé, rescatando de manera deferente sus figuras y contando una historia que logra entretener a adultos, niñas y niños por igual, usando el siempre desafiante formato animado y pudiendo celebrar todos sus puntos altos. Gracias a la magia del cine, ignora cada pequeño punto débil, ya sea por la intención, el esfuerzo, o, simplemente, la belleza que genera la unión de una hermosa animación, una asombrosa banda sonora, una entretenida historia y mucho, mucho amor, que la posiciona como un clásico instantáneo del cine chileno que nadie puede perderse.

9/10

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