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Review «She-Hulk: Defensora de Héroes» (E01-06): La dispersa comedia judicial de Marvel

Reparto: Tatiana Maslany, Jameela Jamil, Mark Ruffalo, Ginger Gonzaga, Tim Roth, Benedict Wong, Josh Segarra, Renee Goldsberry, Nicholas Cirillo, Jason Edwards, Rhys Coir, Patty Guggenheim, Abigail Esmena

Creador: Jessica Gao

Género: Ciencia Ficción, Comedia, Acción

Clasificación: +14

Episodios: 9

Plataforma: Disney+

Sinopsis: “Jennifer Walters, una abogada especialista en casos relacionados con seres sobrehumanos, debe enfrentarse a la complicada vida de una mujer soltera de treinta y tantos que además es una superpoderas Hulk verde de dos metros”. (Disney+)

Hulk (Ruffalo) entrenando a She-Hulk (Maslany). Foto: Marvel Studios

Sorpresivo fue el anuncio de Kevin Feige durante la pasada convención SDCC2022, donde declaró que «She-Hulk» y «Black Panther: Wakanda Forever» serían los últimos proyectos dentro de la efímera cuarta fase del UCM. Con esto en mente, la última serie de Disney+ llegó el pasado 17 de Agosto para comenzar la clausura de esta etapa, marcada por experimentos narrativos y nuevos héroes que llegan a suplir el vacío que dejó la finalización de la «Infinity Saga» y el retiro, o muerte, de los héroes más icónicos de los Vengadores. ¿Está «She-Hulk» a la altura de lo que significa un cierre de Fase?

Marvel Studios la ha tenido difícil durante los últimos años. Tras el estreno de «WandaVision», serie inaugural no solo de la Fase 4, sino también de la ahora bautizada «Multiverse Saga», el estudio ha tenido problemas intentando conectar con el público a través de nuevos formatos y personajes, siendo las series del servicio Disney+ uno de los pilares fundamentales de su nueva estrategia, pero también, el que más le ha jugado en contra. Parecía una buena idea expandir el UCM a series de televisión, el caso de las series de Marvel en Netflix o Hulu probaron que había cierto público fuera de la pantalla grande, por lo que lanzar series en Disney+ que, a diferencia de las anterior mencionadas, afectasen directamente a la línea temporal, sería un hit que expandiría los límites de su universo a rincones cada vez más sorprendentes e insospechados.

Lamentablemente, la exigencia de la plataforma hacia la franquicia por generar contenido durante casi todas las semanas del año, está llevando a una saturación y salida apresurada de productos, por lo que esta nueva camada de series y películas se siente descuidada, sin rumbo y, por consecuencia, ha recibido golpes tanto por la crítica como por los números de audiencia y una decepción entre los más fieles espectadores. «She-Hulk: Defensora de Héres» no aporta muchas virtudes dentro de este oscuro panorama, convirtiéndose, nuevamente, en una producción que ha dividido al fandom en una Civil War de proporciones épicas.

Jennifer Walters (Maslany) presentándose en la corte tras un combate. Foto: Marvel Studios

La serie sigue el esquema de la experimentación dentro de Marvel, proponiéndose, primariamente, como una comedia judicial. Una sitcom de capítulos auto-conclusivos, con tramas únicas por semana que se ven conectadas, vagamente, por un hilo conductor. Una trama general que, a tres capítulos de finalizar la primera temporada, aún no se define claramente.

La propuesta de una comedia con tramas semanales parece ser un punto de partida sumamente innovador para Marvel Studios. Todas las series que anteceden a «She-Hulk: Defensora de Héroes» (a excepción de «What If…?») presentan la tónica de una gran trama por temporada, con capítulos que giran en torno a la resolución de un conflicto único. Presentar a Jennifer Walters y el particular mundo en el que se ha convertido el UCM a través de situaciones divertidas y absurdas, tocando un tópico por semana, es una excelente idea en el papel, pero, lamentablemente, la ejecución no logró plasmar con efectividad la grandeza de la propuesta. A pesar de tener una duración de capítulos un poco más extensa que los de una sitcom convencional, todo lo que ocurre en ellos se siente sumamente apresurado. Las desventuras de los protagonistas saltan de un lado a otro sin parar, no podemos asimilar lo que pasa en una escena sin que vayamos a otro sitio, sin que nos conduzcan a otro punto de acción. La serie ha adquirido un formato de presentar dos tramas por capítulo, independientes entre sí, que pocas veces se encuentran en el tercer acto, causando que ninguna de las dos logre un desarrollo pleno y que una, usualmente, quede relegada a sentirse como relleno innecesario. Esto queda más patente en el tercer episodio, donde por un lado tenemos a Jennifer resolviendo un caso que involucra a un antiguo villano del UCM y, por el otro, uno de sus colegas enfrenta un juicio de usurpación de identidad. Dos juicios que no se topan entre sí, que se sienten poco orgánicos, poco verosímiles y sumamente apresurados porque drenaron sus tiempos mutuamente sin una finalidad clara.

Tatiana Maslany como Jennifer Walters es una decisión bastante acertada por parte de un estudio cuya mayor virtud, hasta el momento, parece ser la elección de sus repartos. Maslany es un nuevo golpe en el clavo, mostrándose como una protagonista sumamente carismática y algo fuera de lo común, que se ve potenciada por un reparto igualmente talentoso. Ginger Gonzaga, comediante y actriz, interpreta a Nikki (la mejor amiga de Jennifer) de manera brillante, convirtiendo casi todos sus diálogos en efectivos punchlines e icónicas frases, siendo quien carga con la mayor parte de la comedia. Lo mismo sucede con la antagonista Titania: el personaje de Jameela Jamil puede carecer completamente de trasfondo, puede tener cero motivaciones para ir en contra de She-Hulk y sus poderes jamás nos han sido explicados, pero, a pesar de todas sus falencias, logra grabarse en nuestras mentes con su fastidiosa forma de ser y cómo ejecuta sus absurdos planes de sabotaje en contra de la protagonista. Las interpretaciones son el salvavidas que saca a flote a la serie.

Emil Blonsky, alias Abominación (Roth), regresa para luchar por su libertad condicional. Foto: Marvel Studios

La comedia es, a estas alturas, un vicio inherente en el prontuario de Marvel Studios. Un rasgo muy criticado por sus detractores, aunque, paradójicamente, se ha visto potenciado cada vez más en las producciones de la Fase 4. El problema con esta serie, en particular, es que su estilo no se define claramente. Sus chistes resultan algo forzados en ocasiones y pocos logran aterrizar bien debido al extraño pacing que tienen. Hay un serio problema con la tonalidad y ritmo que pretende alcanzar la serie, y es que sus capítulos saltan de situaciones absurdas a otras más serias o de tintes románticos, sin casarse verdaderamente con una temática defindina. Sí, esto le da cierta variedad a la temporada, uno puede llegar azarosamente a cualquier capítulo sin tener idea de nada y disfrutarlo de todas maneras, pero, como parte de un conjunto, se siente como un platillo con ingredientes de diversas naturalezas que no se combinan en favor de un resultado disfrutable, sino en la mera finalidad de presentar algo distinto.

Poco ayuda también en la percepción respecto a la serie la más reciente polémica con las casas de efectos visuales que trabajan para el estudio. Una denuncia online por explotación laboral, acotados plazos de entregas, cambios repentinos y un acaparamiento de la industria, ha sido el ojo de discusión durante varias semanas en redes sociales. Los artistas están hastiados con el trato que Marvel les ha impuesto, y esto se hace ver en la cada vez más decadente calidad del CGI. Para ser una serie cuya protagonista se sustenta en esta tecnología, la visualidad es un aspecto que queda a deber seriamente y que empaña las escazas pero creativas escenas de acción. Los delirantes enemigos a los que debe enfrentarse esta nueva justiciera son otro punto alto en la construcción del absurdo universo en el que se mueven los personajes.

Wong (Wong), Madisynn (Guggenheim) y She-Hulk (Maslany) en juicio contra un hechicero de segunda. Foto: Marvel Studios

Con todos estos problemas sobre la mesa, queda preguntarse: ¿Qué motiva a quienes no gozan del estilo de la serie a seguir viéndola? Ciertamente hay quienes disfrutan de una comedia ligera inmersa en un universo ya conocido. Pero para aquél fanático acérrimo que no puede conectar con la serie, al que le toca ver a grandes leyendas de Marvel relegadas a monólogos cómicos, solo le queda enganchar con el truco bajo la manga por exelencia del estudio: los cameos y conexiones con el resto del Universo Marvel. La aparición especial de personajes como Bruce Banner, Wong o Daredevil, es lo que mantiene a los seguidores más tempranos de esta saga siguiendo semana a semana las aventuras de la defensora de héroes. Están atados bajo la promesa de mantenerlos al día respecto a lo que sucede en este enorme universo y de ver, nuevamente, a sus personajes favoritos en nuevas situaciones, algo que puede resultar gratificante y que por supuesto es todo un plus para la serie, pero que se siente como una movida deshonesta y que proyecta poca confianza en la producción como una buena historia independiente. Cameos y referencias a los cómics hay para regodearse: la aparición de estos invitados especiales se siente orgánica y sigue una estructura convincente, pero son tratados de manera tan superficial e intercambiable, con un aporte de tan poco impacto, tanto para el progreso de la trama como para el universo Marvel en sí (a excepeción quizás de Bruce Banner), que puede resultar en un autogol para el estudio que, ilusionando a la gente con publicitados cameos, acabe recibiendo duras críticas por no cumplir con las expectativas.

Los primeros seis episodio de «She-Hulk: Defensora de Héroes» presentan una historia ligera, fácil de digerir, con momentos divertidos y un par de conceptos interesantes que se pierden en un festival de chistes sin identidad y una incesante necesidad de abarcar muchas tramas sin profundizar demasiado en ninguna. Un concepto con potencial cuyo peso es cargado, casi exclusivamente, por un talentoso reparto que hace brillar lo mejor que puede al poco pulido guión con el que trabaja. Hay una falta de investigación, una falta de compromiso y de riesgo que hace ver a este cierre de la Fase 4 en Disney+ como una débil entrada que, por mucho que entretenga y logre salir airosa por sus pocas pero grandiosas virtudes, comienza a ser un claro síntoma de la fatiga y cada vez más rápido decaimiento del Universo Cinematográfico Marvel.

5/10

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