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Review «Pinocho de Guillermo del Toro»: Cuando un remake tiene sentido y corazón

Reparto: Ewan McGregor, David Bradley, Gregory Mann, Finn Wolfhard, Cate Blanchett, John Turturro, Ron Perlman, Tim Blake Nelson, Burn Gorman, Christoph Waltz, Tilda Swinton

Director: Guillermo del Toro, Mark Gustafson

Género: Fantástico, Musical, Drama

Clasificación: +14

Duración: 1h 57m

Sinopsis: “Versión musical en animación stop motion del famoso cuento de ‘Pinocho’, ambientada en la Italia fascista, durante la década de 1930. Guillermo del Toro y Mark Gustafson dirigen esta película, que en la versión original cuenta con un reparto estelar de voces”. (Filmaffinity)

Pinocho (Mann) caminando junto a su creador, Geppetto (Bradley). Foto: Netflix

La historia de la marioneta más famosa del mundo tiene su origen en un relato italiano del siglo XIX, basada en relatos del campo y tradicionales de ese país. En lo que respecta a adaptaciones, todos tenemos en nuestra retina la versión de Disney de 1940, que transformó esta historia italiana en una universal. A partir de ahí, un montón de versiones y reversiones de Pinocho han aparecido, ya sea en libros, series de televisión, películas u otros formatos. Algunas concepciones del personaje han sido más clásicas, otras más atrevidas, e incluso se ganó un lugar dentro de franquicias como «Shrek». En ese escenario, Guillermo del Toro quiso meterse en un difícil territorio: crear su propia versión de este clásico. Y vaya que lo hizo.

Desde un principio, esta re imaginación por parte del director mexicano se perfilaba como una obra maestra. Con una realización en stop motion, del Toro coordinó todos los elementos para transformar esta película en una constelación que brilla con luces propias, con unas marionetas creadas para la ocasión, mezcla de pura ingeniería y magia, con un reparto estelar y un tremendo equipo técnico que nos regalaron la mejor película animada de este año, sin exagerar. Y es que el galardonado director no solo quiso recrear la historia, sino que le dio mayor profundidad y coherencia al guion y sus personajes, dotándolos de personalidades entrañables y emociones completamente humanas.

Sebastian J. Cricket (McGregor) quien hace de narrador y consejero de Pinocho. Foto: Netflix

Hablando de profundidad y coherencia, en esta versión, a diferencia de las anteriores, tiene mayor sentido y las acciones que presenta no suceden porque sí. Esto se da, esencialmente, porque hay un contexto histórico que va a marcar a los personajes, sus decisiones y sus caminos. La película parte con una Italia durante la Primera Guerra Mundial y con la tragedia de una muerte por los bombardeos, para luego llevarnos a la Italia fascista con Benito Mussolini en el poder. No podía haber sido una mejor opción, porque este contexto le otorga a la historia un trasfondo único, que va a tensionar desde aspectos políticos y sociales, hasta íntimos y familiares.

De este modo, la secuencia de acciones que articula el guion está perfectamente pensada. Incluso, muchas dudas que nos quedaban de las versiones anteriores, sobre todo las de Disney, se desarrollan de forma natural en esta. Por ejemplo: que Pinocho vaya a la escuela siendo una marioneta que recién cobró vida, no nace de un inoportuno e inconsciente Geppetto, sino que este se ve forzado a hacerlo por el régimen fascista y su adoctrinamiento en las escuelas. Que Geppetto quiera crear una marioneta y esta cobre vida, siempre es motivado por el hijo muerto, aunque en la versión de del Toro, vemos a un personaje alcoholizado que, en un arrebato de locura, rabia y tristeza, crea a Pinocho sin desear particularmente que viva. Emocionalidad humana a flor de piel.

Pinocho (Mann) siendo tentado por el malvado Conde Volpe (Waltz), dueño del circo. Foto: Netflix

Porque sí, la emocionalidad humana es el corazón de esta obra audiovisual. Es una historia sobre lo que significa ser humano, sus alcances y su finitud. El relato de esta traviesa marioneta no es más que una reflexión de nuestros sentimientos y, sobre todo, de la vida y la muerte. Quizás una de las escenas más potentes de todo el largometraje, son los encuentros entre Pinocho y el espíritu de la muerte, donde el protagonista, poco a poco, se hará consciente de la muerte y el valor de la vida. Una lección desgarradora que llena de humanidad el alma de madera de Pinocho, como también la de cada uno de nosotros como espectadores.

En cuanto al valor técnico, no podemos dejar pasar el deleite de animación que complementa y fortalece esta película. Con un stop motion de altísimo nivel y de gran factura, el desarrollo estético es sublime, demostrando un derroche de talento de un amplio equipo orquestado por el mexicano. En una entrevista, del Toro contó que cada una de las marionetas tienen un sinfín de mecanismos, engranajes y articulaciones, con tal de darle naturalidad a las expresiones faciales y corporales. Asimismo, las capturas del trabajo detrás de cámara, demuestran un trabajo de relojería que solo engrandecen lo creado en esta versión de Pinocho.

Por otro lado, el aspecto sonoro también merece mención y análisis. Las voces de un reparto estelar son la guinda de un pastel perfectamente horneado y decorado, con una Cate Blanchett que habla poco, pero que con sus gritos de mono nos deja asombrados, o con un Ewan McGregor que con su hermosa y melodiosa voz, nos entrega la mejor versión del famoso Pepe Grillo (Sebastian J. Cricket en esta versión), con una actitud oscura que contrasta con la alegría inocente de Pinocho. También, la música introduce momentos de mayor emotividad, con armonías dignas de las nominaciones que está cosechando en la próxima temporada de premios. Detalles como que Alexandre Desplat, compositor de la banda sonora, interpretara toda la música sólo con instrumentos de madera, son aquellos que hacen que este tipo de obras sean únicas en su especie.

Pinocho, desobedeciendo las órdenes de Geppetto, se une al circo del Conde Volpe. Foto: Netflix

Al ver «Pinocho de Guillermo del Toro» el espectador se enfrenta a ese tipo de películas que se agradecen y se disfrutan. El director mexicano engrandece su figura cinematográfica con su propia versión del clásico relato italiano, con un tono oscuro, desgarrador, pero al mismo tiempo esperanzador, emotivo y alegre. Un stop motion de los mejores que se han visto, con un despliegue artístico de otro nivel, con el fin de entregar una obra hermosa y profunda. Cuando uno se pregunta si es necesario hacer remakes de obras antiguas, esta versión de Pinocho nos abofetea en la cara y nos recuerda que el cine sí es capaz de reinventarse. Así que sí, lo logró… Guillermo del Toro lo logró, y a qué nivel.

10/10

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